Conocimiento y regulación emocional

El conjunto de habilidades que sirven para expresar y manejar las emociones y sentimientos de manera saludable es lo que podríamos llamar inteligencia emocional; es la capacidad de tomar conciencia de la propias emociones, conocer las de los demás, comprenderlas y aprender a regularlas. El conocimiento y la regulación emocional son competencias emocionales básicas para afrontar los retos de la vida y constituyen un factor protector ante conductas de riesgo o problemas emocionales.

Las emociones son estados internos caracterizados por pensamientos, sensaciones, reacciones fisiológicas y conductas que son subjetivos. Son universales, propias del ser humano y sirven, entre otras cosas, para comunicarnos con los demás. Hay emociones que se las llama positivas, porque están asociadas con el bienestar y otras negativas, que se acompañan de malestar, pero todas ellas son válidas y necesarias. Todas las emociones son legítimas (incluso el enfado); no podemos evitarlas, pero sí aprender a manejaras, ya que tienen una gran influencia en nuestro pensamiento y nuestra conducta y a veces nos llevan a comportamientos inadecuados (por ejemplo, pegar), que son los que tenemos que enseñar a nuestros hijos e hijas a modificar.

Existen 6 emociones básicas:

  1. Alegría: sentimiento placentero ante una persona, deseo o cosa. Nos impulsa a la acción. Son múltiples los ejemplos de alegría en los niños, desde merendar sus galletas preferidas, hasta ver los regalos el día de su cumpleaños.
  2. Tristeza: sentimiento de pena asociado a una pérdida real o imaginada. Nos hace pedir ayuda. Situaciones en las que los niños pierden alguno de sus juguetes preferidos o se enferman sus mascotas, son momentos tristeza para ellos.
  3. Miedo: inseguridad anticipada ante un peligro, real o imaginario. Nos ayuda a la supervivencia ya que nos hace actuar con precaución. El encuentro con algunos animales o con personas desconocidas pueden ser ejemplos de situaciones de temor en los menores.
  4. Enfado: rabia cuando las cosas no salen como queremos. Nos impulsa a hacer algo para resolver un problema. Son multitud los momentos en que presenciamos un enfado de un niño: cuando los mandamos a dormir, cuando tienen que recoger sus juguetes, cuando les apagamos la televisión, cunado tienen que repetir algo que han hecho mal, etc.
  5. Sorpresa: asombro, desconcierto. Nos ayuda a comprender algo nuevo.
  6. Asco: desagrado respecto a algo o alguien. Nos hace alejarnos. La situación más típica en los más pequeños se produce ante determinados alimentos que, al provocarles asco, rechazan de forma tajante.

Cualquier situación de la vida cotidiana nos permite practicar la conciencia emocional entrenándonos en un pequeño diálogo interno que responda a cuestiones como éstas:

  • ¿Cómo me siento? (p.e., enfadada).
  • ¿Por qué me siento así? (p.e., mi hijo no quiere hacer los deberes).
  • ¿Cómo estoy manifestando lo que estoy sintiendo? (p.e., chillándole y diciéndole que es un gandul).
  • ¿Me ayuda esta emoción en el momento actual?, ¿cómo puedo mantenerla o cómo puedo cambiarla? (p.e., no me ayuda, porque si sigo enfada y gritando, no conseguiré que mi hijo haga los deberes).

Cuando la edad de los hijos e hijas no permite que les enseñemos este diálogo, podemos realizar con ellos otras actividades para desarrollar la conciencia emocional:

  • Dibujar caras: que representen las diferentes emociones y tenerlas en un lugar visible de su habitación. De esa manera les ayudas a identificar cómo se sienten y tomar conciencia de ello.
  • La emoción frente al espejo: nos situamos con ellos frente al espejo y ponemos caras con las diferentes emociones, así aprenden a identificar las señales “no verbales” de las emociones en los demás.
  • Pienso y siento: junto a nuestros hijos les enseñaremos a identificar la relación entre pensamientos y sentimiento para que aprendan a identificar los que les generan emociones agradables y puedan usarlos como sustitutos en los momentos en los que sienten emociones desagradables (eje. cuando pienso en las vacaciones me siento alegre y feliz).
  • Diario emocional: para pre-adolescentes y adolescentes puede resultar muy útil que escriban las situaciones en las que se sienten desbordados por las emociones para tomar conciencia de ellas.

Una vez que somos capaces de identificar nuestras emociones y las de los demás, es necesario que también sepamos qué hacer con ellas y cómo manejarlas, pero nunca, reprimirlas. Algunas técnicas concretas para enseñar a los menores a que las pongan en práctica son:

  • Distracción: jugar, dibujar, hacer ejercicio, escuchar música y bailar son actividades que gustan a los menores y que les atraen rápidamente; de esa manera se reduce la intensidad de la emoción y se propicia un mejor estado para hablar y reflexionar con los menores.
  • Respiración: respirar profundamente o contar hasta 10...o hasta 20, introduce un estado de calma.
  • Tiempo fuera: estar un rato solo y tranquilo en la habitación.
  • Relajación: existen varias técnicas de relajación, algunas de las cuales están adaptadas a niños; en los colegios y centros sanitarios los y las profesionales de enseñanza y salud os pueden proporcionar información al respecto.

Para convertirnos en maestros eficientes en la enseñanza de habilidades emocionales a nuestros hijos e hijas, debemos:

  • Predicar con el ejemplo.
  • Ser capaces, nosotros, de tomar conciencia de nuestras emociones y regularlas.
  • Favorecer momentos de comunicación con los menores.
  • Aprender a escuchar los comentarios y opiniones de los niños con tolerancia, sin juzgarlos y respetando sus sentimientos.
  • Aceptar a nuestros hijos tal y como son.
  • Dar cariño y afecto a través del tacto, las caricias y los besos; enseñarles a usar el lenguaje corporal en la expresión de los afectos.
  • Educarles en la cultura del esfuerzo y la igualdad.
  • Tener MUCHA PACIENCIA y darles tiempo para que aprendan.

El entorno familiar constituye el medio ideal para el desarrollo de estas competencias emocionales, siendo clave el modelo que proporciona la madre, el padre u otra persona cuidadora.

Información elaborada a partir de: Plan Integral de Salud Mental de Andalucía.