Los criterios que deberá reunir toda experiencia, ya sea en parte o en su totalidad, para considerarse una Buena Práctica como elegible para participar en el banco de Buenas Prácticas son:
Corresponsabilidad en los cuidados
La práctica debe demostrar cómo fomenta una distribución equitativa de las responsabilidades de crianza, evidenciando relevancia y pertinencia para las necesidades actuales de las familias.
Respeto a la diversidad familiar
La práctica respetará y se adaptará a la diversidad de estructuras familiares, promoviendo la inclusión y valorando la intergeneracionalidad.
Participación activa y comunicación
La práctica debe incluir mecanismos claros y efectivos que motiven y faciliten la implicación equitativa de padres, madres e hijos/as, con independencia de los distintos modelos familiares de convivencia.
Apoyo a la conciliación
La práctica facilitará la conciliación laboral y familiar, evidenciando su sostenibilidad y contribución a la equidad en la participación de la crianza.
Educación en igualdad de género
La práctica debe evidenciar cómo educa y sensibiliza sobre la igualdad de género en la crianza, incluyendo su impacto en la superación de estereotipos y su relevancia ética.
Inclusión de políticas de apoyo
Debe indicarse cómo la práctica promueve o se alinea con políticas públicas de apoyo a la corresponsabilidad.
Desarrollo de redes de apoyo
La práctica debe demostrar su capacidad para crear o fortalecer redes de apoyo, evaluando su transferibilidad, sostenibilidad y la participación activa de las familias.
Fomento del bienestar emocional
La práctica deberá incluir componentes que promuevan el bienestar emocional de los miembros de la familia.